Por: Roxana Mendizabal
¿Te ha pasado que abres el cajón de las verduras y te encuentras con un “mutante verde” que casi te grita: ¡¿te olvidaste de mí?!
Estoy segura que sí, esa sensación de culpa al tirar alimentos al basurero, es algo que todas y todos hemos sentido alguna vez.
Estos datos pueden motivarte a planificar tus compras antes de salir de casa: En Bolivia y según el Banco de Alimentos, diariamente se desperdician alrededor de 16.200 toneladas (¡el peso aproximado de 21 vacas!) de comida en buen estado. De ese total, cerca del 50% corresponde a verduras y el 23% a frutas; ¡el resto incluye cereales, carnes y lácteos… auch! ¿Qué dato doloroso, verdad?.
El ritmo acelerado de la vida cotidiana puede hacer que se pierda de vista el esfuerzo energético detrás de cada ingrediente. Conectar con ese proceso puede ayudarte a tomar decisiones más conscientes. Por ejemplo, una zanahoria tarda entre 3 y 4 meses en crecer; el brócoli, entre 4 y 5 meses; el tomate, alrededor de 3 meses desde el trasplante; y una manzana puede tardar entre 3 y 5 años en dar frutos. Saber que una manzana tardó años en crecer hace que pienses dos veces antes de dejar que se oxide/pudra en el frutero.
Cuando un alimento se desperdicia, también se pierden agua, energía, tierra y trabajo. La buena noticia es que pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia., sólo debemos hacer un par de cosas antes de poner un pie en el mercado:
1. Crea tu menú semanal
Dedicar entre 10 y 15 minutos a planificar las comidas de la semana facilita mucho la organización. Si sabes que algún día comerás fuera, podrías evitar planificar una receta compleja para esa jornada. Esto contribuye a reducir compras innecesarias.
Una estrategia útil es elegir recetas que compartan ingredientes. Por ejemplo, si un día preparas lentejas, podrías cocinar una cantidad mayor y reservar una parte para otra preparación, como hamburguesas vegetales para más adelante. Lo mismo puede aplicarse a otros alimentos: un pollo puede rendir para ensaladas, sopas o sándwiches, y sus huesos pueden aprovecharse para preparar un caldo.
Escribir las comidas de la semana suele activar la creatividad y te ayuda a conectar ingredientes con los cuales preparar distintos platos.
2. Reservar un día para aprovechar sobras y restos
Incluir un día de aprovechamiento en la semana puede ayudar a reducir el desperdicio. Ese día puedes transformar sobras en nuevas preparaciones: un arroz cocido puede convertirse en un salteado con verduras, y vegetales que llevan mucho tiempo en tu refri, pueden transformarse en sopas o cremas.
Incorporar este hábito permite aprovechar mejor los alimentos y generar menos residuos en la cocina.
3. Haz un inventario de todo lo que tienes en tu cocina
Empecemos por lo que yo llamo el “Efecto Despensa Viva” que consiste en ver cada estante como un espacio vivo y no como el lugar donde guardamos los alimentos que compramos “por si acaso los necesite después”. Recuerda, todo lo que compras, debe tener un plato como destino final.
Para poner en práctica el efecto despensa viva, te sugiero realizar el inventario inverso: Antes de anotar nuevos antojos, observa qué alimento está a punto de pasar a mejor vida (podrirse o vencerse). Con esa información, puedes ajustar tu menú para utilizarlos a tiempo. Así, tu despensa deja de ser un depósito y se convierte en un espacio vivo en que cocinas de manera consiente.
4. El arte de la lista de compras
Con el menú definido y tu inventario actualizado, es momento de redactar la lista de lo que realmente necesitas comprar. Tu lista de compras es una guía estratégica, te dejo algunas ideas para elaborarla:
- Llevar la lista escrita en el celular o en un papel puede ayudarte a mantener el foco.
- Organizarla por categorías facilita el recorrido por el mercado: proteínas, verduras, frutas, grasas y carbohidratos.
- Escribe las cantidades lo más exactas posible: En lugar de anotar “comprar manzanas”, prueba poner “4 manzanas rojas”. Esto te ayuda a visualizar tus meriendas de la semana y evitas comprar de más.
5. Tu lista debe responder al tamaño de tu familia, gustos y ritmo de vida
Cada hogar es diferente. Si eres una persona sola, o vives en pareja, lo mejor es optar por cantidades pequeñas, es más fácil comprar algo fresco que verlo morir en tu refri.
Te sugiero que elijas aquello que tu familia disfruta más y que innoves en recetas y nuevos ingredientes adquiriendo pequeñas cantidades, lo ideal es usar un ingrediente a la vez.
Si toda la familia come fuera los sábados, o si los viernes cenan en pareja, planifica 5 o 6 recetas, en lugar de 7.
6. Compra con los sentidos y conecta con la temporada
Elegir alimentos de temporada, significará frescura y economía. En el mercado, observa qué alimentos abundan, esa es tu señal de temporalidad. Si compras en supermercados, revisa las fechas de caducidad y elige los productos comestibles con fecha de vencimiento más lejana.
7. Mira las ofertas con atención y cabeza fría
Las promociones y ofertas son tentadoras, pero antes de adquirirlas pregúntate ¿realmente lo necesito? ¿Podré consumirlo antes de que caduque? ¿Podría conservarlo adecuadamente? Responde con calma y evita compras innecesarias.
8. Organiza tu recorrido de compra
Tanto si vas al super o al mercado, lo ideal es Organizar la lista por zonas: Frutas, verduras, víveres, refrigerados. Esto te facilitará el recorrido y reducirás las compras por impulso.
9. Almacena con estrategia
Si tu despensa está vacía, significa que estás gestionando correctamente lo que compras. Para lograrlo, te recomiendo:
- Definir un estante con los ¡cómeme ya!, para productos que deben consumirse pronto.
- Aplicar el principio de “los primeros en entrar, son los primeros en salir” facilita usar los alimentos que adquiriste antes para una rotación consciente.
- Comprar únicamente lo que puedes almacenar sin amontonar, ni en despensa ni en el refri, ya que el frío circula mejor y la comida se conserva más tiempo.
- Congelar a tiempo: si notas que no consumirás algo, congélalo, no esperes a que se dañe.
Reducir el desperdicio de alimentos está al alcance de todas y todos. No hace falta cambiar todo de golpe; basta con aplicar una o dos prácticas para generar un impacto positivo.
Comprar conscientemente permite cuidar los recursos, valorar el trabajo de quienes producen alimentos y optimizar el presupuesto del hogar.
Te invito a revisar tu cocina y a preparar algo con ese ingrediente que lleva tiempo esperándote. ¡Cada acción suma y tú puedes contribuir!
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