Por: Javier Moller
En la naturaleza nada se desperdicia. Todo cumple una función y forma parte de un ciclo permanente donde la materia y la energía se transforman una y otra vez. Lo que para un ser vivo deja de servir, se convierte en alimento o nutriente para otro. Las hojas que caen alimentan el suelo, los restos de animales enriquecen la tierra y los microorganismos hacen posible que ese ciclo nunca se detenga. En la naturaleza, la basura simplemente no existe, porque todo tiene un propósito.
Entonces, si la naturaleza funciona de esa manera, ¿por qué generamos basura? ¿Por qué cada día enterramos, quemamos o desechamos materiales que todavía podrían tener un valor? Y, sobre todo, ¿por qué asumimos que todo aquello que deja de ser útil es basura? Lo vimos en la coyuntura reciente, sobre todo en las ciudades de La Paz y El Alto, con las grandes cantidades de basura que se acumulaban y los fuertes olores que desprendían, una señal de la gran cantidad de material orgánico en descomposición.
Cada vez que desechamos un residuo, especialmente uno de origen orgánico también estamos descartando materia, energía y nutrientes que alguna vez fueron parte de un ecosistema. Esos recursos fueron extraídos de la naturaleza para producir nuestros alimentos y bienes, pero, en lugar de regresar al suelo para alimentar un nuevo ciclo, terminan acumulados en un relleno sanitario o en un botadero. De esta manera, rompemos un proceso que la naturaleza ha mantenido durante millones de años.
Según el Banco Mundial, se estima que más del 50% de los residuos que generamos a nivel mundial son orgánicos, estos incluyen restos de frutas y verduras, cáscaras, semillas, hojas, granos, pan, y otros materiales de origen vegetal o animal, mientras que menos del 50% corresponde principalmente a materiales como plástico, vidrio, metal o papel.
En la mayoría de los hogares los residuos orgánicos terminan mezclados con otro tipo de residuos en una misma bolsa. Desde ese momento dejan de ser recursos y pasan a convertirse en basura. Luego son recogidos por el servicio de aseo y, en el mejor de los casos, llevados a un relleno sanitario donde se compactan y entierran para reducir sus impactos ambientales. En el peor de los casos, terminan en botaderos a cielo abierto, donde su descomposición genera malos olores, contaminación y emisiones de gases de efecto invernadero.
Sea cual sea su destino, una vez que los residuos se convierten en basura, dejan de formar parte del ciclo natural. En lugar de devolver a la tierra los nutrientes que tomamos de ella, mantenemos un modelo lineal basado en extraer, consumir y desechar, sin cerrar el ciclo.
La buena noticia es que existe una forma sencilla de cambiar esa historia:
El compostaje
El compostaje es una técnica que imita lo que hace la naturaleza todos los días. Consiste en crear las condiciones adecuadas para que los residuos orgánicos se descompongan de manera controlada y se transformen en compost, un abono natural rico en nutrientes que puede volver al suelo y alimentar nuevas plantas.
¿Qué necesitamos para hacer compost?
Para lograrlo se combinan dos tipos de materiales. Por un lado, los residuos orgánicos o materiales húmedos, como restos de frutas y verduras, cáscaras, etc. que aportan principalmente nitrógeno.
Por otro lado, los materiales secos, como hojas secas, paja, cartón, papel sin plastificar, maples de huevo, ramas trituradas o aserrín, que aportan carbono. Juntos crean el equilibrio necesario para que los microorganismos puedan trabajar y transformar la materia orgánica en un nuevo recurso.
Existen muchas formas de hacer compost. Algunas son más técnicas y otras más sencillas. Se puede compostar en un contenedor de cualquier tamaño, en un montón al aire libre o incluso en una pequeña maceta adaptada para espacios reducidos. Lo importante no es el recipiente, sino respetar algunos principios básicos.
¿Cómo hacer compost paso a paso?
El proceso consiste en alternar capas de material seco y material húmedo. Una vez que tengamos ambos materiales listos, es recomendable cortar los residuos orgánicos en trozos pequeños para acelerar el proceso de descomposición.
Paso 1: Comenzar colocando una capa de material seco.
Paso 2: Agregar los residuos orgánicos o material húmedo.
Paso 3: Cubrir nuevamente los residuos con otra capa de material seco.
Paso 4: Repetir el proceso, formando capas alternas entre material seco y húmedo.
Cuidados durante el proceso
Paso 5: Remover el compost, como este proceso necesita oxígeno, es importante remover o mezclar el compost cada una o dos semanas para favorecer la descomposición.
También se debe proteger de lluvias intensas para evitar un exceso de humedad y evitar incorporar carnes, huesos, aceites o alimentos muy grasosos, ya que pueden provocar putrefacción y olores desagradables. Aunque estos materiales también pueden compostarse, requieren un mayor equilibrio de materiales secos y un seguimiento más cuidadoso.
Si durante el proceso aparecen malos olores o proliferan insectos, generalmente es una señal de que los residuos orgánicos quedaron expuestos o de que existe demasiada humedad. En la mayoría de los casos, basta con agregar más material seco y mezclar bien el contenido para recuperar el equilibrio.
Dependiendo del clima, del tamaño de los residuos y del cuidado que se le dé, el compost puede estar listo entre tres y seis meses. También es normal que algunos materiales tarden más que otros: una cáscara de zanahoria se descompondrá mucho antes que una semilla de palta.
Un pequeño cambio con un gran impacto.
Esta es solo una introducción muy general al compostaje. Con la práctica, cada persona va descubriendo qué funciona mejor según el espacio, el clima y el tiempo que puede dedicarle. Algunas personas optan por el lombricompostaje para obtener resultados más rápidos y un producto de mayor calidad. Otras simplemente entierran sus residuos orgánicos junto con hojas secas en el jardín. Ambas opciones son válidas.
Lo más importante no es hacerlo de manera perfecta, sino empezar. Cada cáscara que compostamos es un residuo menos que llega a un relleno sanitario y un nutriente más que regresa a la tierra. En un mundo donde consumimos cada vez más y generamos cada vez más residuos, compostar es una forma sencilla de asumir nuestra responsabilidad con el planeta.
Después de todo, si la naturaleza nos presta los recursos para vivir, lo mínimo que podemos hacer es ayudar a que vuelvan a formar parte de su ciclo.
Fuentes de utilidad
Documento: “What a Waste 3.0: Panorama mundial de la gestión de residuos sólidos en la transición hacia la circularidad hasta 2050” https://documents1.worldbank.org/curated/en/099031926140048560/pdf/P501986-92807cf7-69e9-4b9e-ae9a-33668bedd769.pdf
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