Por: Ana Zalles Iturri
¿Te imaginas una pastilla que cubra todas tus necesidades energéticas y nutricionales? ¿O un alimento tan completo que con un puñado te sacie todo el día? Suena a ciencia ficción, y lo es. Pero si te digo que algo parecido ya está pasando… date una vuelta por la sección de alimentos instantáneos en los supermercados. ¿Qué encontramos por allí? Cajas de colores donde casi todo sabe igual. Si las miramos con detenimiento vemos listas de ingredientes llenas de palabras que no conocemos, códigos que no entendemos y proporciones que directamente ignoramos.
Nos dicen que ganamos tiempo, pero ¿qué perdemos?
La industria de lo instantáneo nos ofrece velocidad: un chorro de agua hirviendo y en 3 minutos tienes sopa de fideos; una hamburguesa congelada a la sartén y en 5 comes algo “sabrosísimo” que mañana sabrá exactamente igual, y en 5 años también. Ganamos tiempo, sabe tan intenso que creemos que sabe rico y ya no nos preocupamos por más. Pero ese tiempo que no dedicamos a cocinar no nos hace más libres: nos vuelve dependientes de una industria que empaca todo y decide cómo debe saber nuestra comida, aquí o en cualquier rincón del planeta. Porque claro, una sopa instantánea sabe igual aquí o en cualquier punto del globo.
La homogeneización del comer es una ventaja enorme para las grandes fábricas, pero significa el fin de las culturas, de la individualidad y de algo profundo en nosotros y nosotras. Porque el comer nos da esencia. Cada sazón, cada insumo regional, cada costumbre define nuestro ser.
Comer no es solo llenarse, es definirse, dibujar las fronteras del yo.
Lo que hemos dejado de descubrir
Hace un tiempo me da vueltas una pregunta: ¿cómo fue que los habitantes de Los Andes, hace siglos, descubrieron que la papa se podía comer? Su fruto es venenoso, el tubérculo es tóxico si se expone mucho tiempo al sol. Y, sin embargo, de alguna manera descubrieron que hervido es comestible y guardado en un lugar oscuro dura mucho tiempo sin ser peligroso para la salud*. ¿Cómo notaron que lavar la quinua la hace menos amarga? Esa curiosidad y necesidad de comer nos dio muchas culturas, forjó el destino de los pueblos y la identidad de las personas.
No dejo de asombrarme de la capacidad humana para descubrir lo que nos rodea y convertirlo en alimento. Pero esa capacidad parece estar dormida. Hemos dejado de variar lo que comemos, hemos globalizado tanto nuestro menú y limitado tanto nuestros gustos a los sabores de caja y paquete. Vemos como a los niños y niñas les desconcierta si algo sabe poco dulce. Muchos adultos ocultamos lo amargo con grandes cantidades de azúcar, o enmascaramos los sabores propios de los alimentos con salsas y siempre buscamos intensificar el sabor con sal o sazonadores para que “sepa bien”. Hemos cambiado el misterio y la sabiduría por la comodidad del código de barras.
Comer ya no nos conecta con la tierra, con el origen, con los ciclos. Y al perder ese origen, perdemos una parte de nuestra humanidad.
El superpoder que podemos recuperar
¿Qué preparaciones sabes hacer hoy? ¿Cuáles tienen vínculo con tus madres y abuelas, con tu territorio, con las temporadas?
Muchas veces nos da flojera pensar en el menú, así que abrimos un paquete. Es rápido, es fácil, pero tiene un precio invisible: estamos perdiéndonos. Mientras nuestras antepasadas y antepasados miraban la tierra con asombro, descifrando los secretos de la naturaleza para sobrevivir, nosotros miramos una pantalla esperando que el microondas suene. Por eso, saber cocinar hoy en día es un superpoder.
La cocina es de los pocos lugares cotidianos donde todavía está permitido y es necesario experimentar y equivocarse. Probar un ingrediente nuevo, a veces arruinar el plato, intentarlo de nuevo, ajustar tiempos o cantidades y finalmente lograr un sabor único, es recuperar la capacidad humana de asombro y aprendizaje. Es definirte a partir de tu entorno, tus medios y tus habilidades y ya no dejar que te defina ese sistema que uniformiza.
Cuando entras a la cocina, tomas un ingrediente que nunca habías usado y experimentas con él, estás hackeando el sistema. Estás recuperando la soberanía de tu paladar y manteniendo encendido el fuego de la curiosidad humana. La próxima vez que tengas hambre, ¿vas a abrir un paquete o vas a encender tu curiosidad?
Y ahora, ¿qué hacemos?
¿Quieres descubrir los alimentos que tienes cerca para ir haciendo más fuerte este tu superpoder? Descubre las opciones que están a tu alcance: en el mercado pregunta a las caseras sobre esos alimentos que no conoces, experimenta con ellos. Comparte tus recetas y pide recetas a la gente de tu alrededor. Hagamos una red de ideas, platillos y sabores que nos devuelvan nuestro ser.
Fuentes de utilidad
Blog: “¿Qué tanto sabes de la papa que comes casi todos los días?” https://alimentos-bolivia.com/que-sabes-de-la-papa-que-comes-casi-todos-los-dias/
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